Momento CERO

Nuestras ciudades costeras crecen a un ritmo vertiginoso. Si hace al menos tres décadas lo hicieron por la migración de grandes grupos de personas de las zonas altoandinas, hoy lo hacen por el desarrollo económico que se ha logrado y viene sosteniendo en las principales urbes.

El comercio y los servicios son quizá los más importantes ejemplos de cómo ha crecido nuestra economía citadina, y junto con ellos también el incremento del transporte en todos sus tipos. Pero ¿Hemos preparado a nuestras ciudades para este crecimiento? ¿Nos hemos preparado nosotros mismos? Las calles “bombardeadas”, el transporte público caótico y mal trecho, la vorágine de construcciones inmobiliarias, el incumplimiento de las normas de tránsito más elementales, la ausencia de valores cívicos, etc., nos demuestran que no.

Y mientras diagnosticamos esta amarga realidad, nuestros gobiernos locales apenas y emprenden acciones sostenibles para salvar al vecindario de semejantes problemas. Parece más bien que dejan entre papeles las pocas acciones que han hecho sobre el tema y patean el tablero a otras instituciones e incluso a los vecinos, y con ello dejan el tema “para más adelante”. Lo mismo lo hacen con la protección y gestión de sus Centros Históricos y Patrimonio Cultural inmueble.

Diversos especialistas han advertido la falta escandalosa de prevención contra los desastres naturales, y han advertido de lo terrible que pueden ser eventos como “El Niño” y los terremotos para localidades como Piura, Chiclayo, Trujillo y Lima. No dudan en afirmar que de producirse estos desastres, estas urbes poco reconocerán de lo que fueron apenas unos años atrás.

¿Nos quedaremos sin el poco patrimonio que tienen ahora nuestros Centros Históricos? ¿Nos quedaremos con postales de nostalgia y crítica por lo perdido? Este es el momento CERO: Si no tomamos decisiones ahora, en pocos meses no tendremos casonas ni ningún bien en el que podamos conocer y disfrutar la memoria e historia de nuestros padres, abuelos, y familia en comunidad. No quedará ninguna lección aprehendida y seguirá alimentándose la pasividad e indiferencia por nuestra propia existencia colectiva.

¿Quiénes pueden hacer algo para remediar este “destino”? Indudablemente que los primeros llamados son las autoridades, pero su intención de actuar es poca. Y de ahí la importancia de nosotros como ciudadanos, jóvenes, adultos y ancianos. Todos debemos formar un único frente y reclamar el cambio, seguirlo de cerca, y disfrutar de los resultados. Las casonas ya no dependen de su propietario; dependen de todos nosotros.

Esta campaña pretende ser un medio de motivación a la acción más que un sarcófago de fotos de casonas y antigüedades. Y esperamos que poco a poco se logre esa finalidad, dando nosotros como equipo los primeros pasos, pero acompañados de sus comentarios, motivaciones y voz. A ello apunta una pronta segunda etapa de “Mi casona propia”.

1 Comment

  1. Me parece interesante el punto de vista, y sí creo que se puede hacer mucho por recuperar y conservar las Casonas que nos muestren una determinada época de nuestra Historia y Cultura. Sé que hay una relación de aquellas que se han considerado Patrimonio Cultural, pero no pasa del papel a una acción con criterio. Es buena la iniciativa de una buena vez hacer algo por nuestra Piura.

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