AN SIT DEUS?

AN SIT DEUS?

Edwin Leonel Córdova Reto

INTRODUCCIÓN

 

El ser humano se realiza múltiples preguntas. Entre esas interrogantes está la existencia e importancia de un Dios, un Dios que tanto se necesita en un mundo caótico como el actual, un mundo de violencia y carente de valores. Pero recordemos que Dios es la luz de nuestro existir y entre cuanto más poderoso sea Él – creador y luz nuestra- más poderosas serán nuestras capacidades. Y como su poder es infinito, eso quiere decir que si bien nuestras capacidades no son infinitas por lo menos son de dimensiones considerables por lo tanto con nuestra fe aceptamos la revelación y con nuestra razón también buscamos al ser supremo: Dios.

Este escrito se basa en una profunda interrogante –justificada por la naturaleza humana de querer encontrar respuesta a todo- sobre la verdad del Ser Supremo: Dios. El objetivo es explicar y demostrar la importancia y existencia de Dios –y sus atributos-. El autor clave es Santo Tomás de Aquino, por su autoridad en la materia y brillante raciocinio metafísico. También nos guiamos por las sagradas escrituras y por documentos publicados por el Vaticano. Nos preguntamos sobre la existencia de Dios y la importancia que tiene para nosotros. ¿Cómo responder estas nobles interrogantes humanas?

FIDES ET RATIO binae quasi pennae videntur quibus veritatis ad contemplationem hominis attollitur animus. Deus autem ipse est qui veritatis cognoscendae studium hominum mentibus insevit, suique tandem etiam cognoscendi ut, cognoscentes Eum diligentesque, ad plenam pariter de se ipsis pertingere possint veritatem -La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo-.[1] Con estas palabras comienza nuestro recordado Juan Pablo II, el Papa peregrino, su encíclica Fides et ratio enseñándole al ser humano que tiene la capacidad de acercarse al ser supremo tanto por la revelación –fe-, como por la razón.

Plantearemos la verdad cognoscible de Dios por el hombre. Aclarando que la verdad que mostraremos, es la verdad cognoscible por nuestra razón y también incluimos la de la revelación. Pero no es la verdad absoluta, una verdad imposible de conocer para el ser humano porque es limitado temporal e intelectualmente –solo tenemos una vida y nuestra mirada no puede abarcar más que un solo sector-. Además somos seres contingentes, no necesarios. Pero que tendemos a buscar a Dios. Así como lo expresaba San Agustín: “Grande eres, Señor, y laudable sobre manera; grande es tu poder, y tu sabiduría no tiene número. ¿Y pretende alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación, y precisamente el hombre, que, revestido de su mortalidad, lleva consigo el testimonio de su pecado y el testimonio de que resistes a los soberbios? Con todo, quiere alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación. Tú mismo le excitas a ello, haciendo que se deleite en alabarte, porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti”.[2] En esta oración San Agustín –eterno buscador de verdad y sabiduría- nos muestra la tendencia de todo hombre de ir hacia Dios. Tendencia seguida de diversas maneras, pero que en este la seguiremos por el camino antes señalado: el de la fe y la razón.

Pero qué valor tiene la revelación para nosotros. Cuando Dios revela, debemos prestar “la obediencia de la fe”, por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando “a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad”, y asistiendo voluntariamente a la revelación hecha por Él. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios -favor sobrenatural y gratuito concedido al hombre para ponerlo en el camino de la salvación-, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da “a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad”. Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.[3]

Cómo conocemos a Dios por medio de la razón. Todo lo que conocemos de Dios lo tenemos ante nuestros ojos “Lo que es y que no podemos ver ha pasado a ser visible gracias a la creación del universo, y por sus obras captamos algo de su eternidad, de su poder, de su divinidad”.[4]

Para reforzar la posición anterior y comprender que tampoco la razón del hombre es ilimitada viene la siguiente explicación “La incapacidad natural del hombre se revela en su ignorancia de Dios. Todo lo que admiran por su valor no los llevo a conocer al Que Es. ¡Se quedaron con las obras y no reconocieron al Artesano! Consideraron como dioses que gobiernan el mundo tanto al fuego como al viento, a la brisa, al firmamento estrellado, al agua impetuosa o a las luminarias del cielo. Fascinados por tanta belleza, los consideraron como dioses, pero entonces, ¿No debieron haber sabido que su soberano es todavía más grande? Porque solo son criaturas del que hace que aparezca toda esa belleza. Si estaban impresionados por su fuerza y su actividad, debieron haber comprendido que su creador es más poderoso aún. Porque la grandeza y la belleza de las criaturas dan alguna idea del que les dio el ser. Pero, quizás no haya que criticar tanto a esa gente: tal vez se extraviaron cuando buscaban a Dios y querían encontrarlo. Reflexionando sobre las criaturas que los rodeaban, y lo que veían era tan hermoso que se quedaron con lo exterior. Pero ni aun así están libres de culpa: si fueron capaces de escudriñar el universo, ¿Cómo no descubrieron en primer lugar al que es su Dueño?”[5]

La Revelación divina constituye de hecho la base de la fe: del “creo” del hombre. Al mismo tiempo, los pasajes de la Sagrada Escritura en que está consignada esta Revelación, nos enseñan que el hombre es capaz de conocer a Dios con su sola razón, es capaz de una cierta “ciencia” sobre Dios, si bien de modo indirecto y no inmediato. Por tanto, al lado del “yo creo” se encuentra un cierto “yo sé”. Este “yo sé” hace relación a la existencia de Dios e incluso a su esencia hasta un cierto grado. Este conocimiento intelectual de Dios se trata de modo sistemático en una ciencia llamada “teología natural”, que tiene carácter filosófico y que surge en el terreno de la metafísica, o sea, de la filosofía del ser. Se concentra sobre el conocimiento de Dios en cuanto Causa primera y también en cuanto Fin último del universo.

Estos problemas y toda la amplia discusión filosófica vinculada a ellos, no pueden tratarse a fondo en el marco de una breve introducción. Tampoco nos ocuparemos con detenimiento de las “vías” que conducen a la mente humana en la búsqueda de Dios –pertenecientes a Santo Tomás de Aquino-. Para este escrito es suficiente explicar que noción tenemos de Dios, si podemos conocer a Dios, Cómo lo podemos conocer y sus atributos. Por ello y según la Iglesia todo nuestro pensar acerca de Dios sobre la base de la fe, tiene también carácter “racional” e “intelectivo”. E incluso el ateísmo queda en el círculo de una cierta referencia al concepto de Dios. Pues si de hecho niega la existencia de Dios, debe saber ciertamente de Quién niega la existencia.

Claro está que el conocimiento mediante la fe es diferente del conocimiento por la razón. Sin embargo, Dios no podía haberse revelado al hombre si éste no fuera ya capaz por naturaleza de conocer algo verdadero a su respecto. Por consiguiente, junto y más allá de un “yo sé”, que es propio de la inteligencia del hombre, se sitúa un “yo creo”, propio del cristiano: en efecto, con la fe el creyente tiene acceso, si bien sea en la oscuridad, al misterio de la vida íntima de Dios que se revela.[6]

Sin más que decir, agradecemos su interés por este escrito y esperamos que tengan su mente abierta para poderlo entender y criticar. Les deseamos una buena lectura y que Dios los ilumine y puedan extraer brillantes conclusiones de las próximas publicaciones relacionadas a este tema que estaré publicando en este blog.


[1]     FIDES ET RATIO

[2]     “Confesiones” de San Agustín.

[3]     DEI VERBUM

[4]     BIBLIA (ROM. 1, 20)

[5]  BIBLIA (SAB 13, 1-9)

[6] S.S. Juan Pablo II, Audiencia general. Miércoles 20 de marzo de 1985. El hombre puede llegar con la razón al conocimiento de Dios.

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