La persona en el Derecho Constitucional

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I. INTRODUCCIÓN

En estas líneas trataremos de analizar, describir y entender el concepto de persona y cómo el Derecho Constitucional asume en ese concepto y cómo lo aplica a la realidad, para lo cual debemos saber ¿Qué es la persona? ¿Dónde realiza sus actividades? ¿Qué es lo característico de la persona en sus relaciones? ¿Quién se encarga de estudiar esas relaciones? ¿Cómo el derecho estudia esas relaciones? La persona como freno al poder del estado y el estado para la persona con garantías y libertades, para por último llegar a estudiar la forma como la constitucionalidad logra abarcar a la persona en su sistema.

Lo dicho anteriormente es un poco pretensioso, es deseado, pero en sentido estricto este trabajo se centrara en el concepto de persona y la relación con el derecho que esta muestra, específicamente para el Derecho Constitucional. Para esto como es sabido, me alejare del positivismo reinante, pues soy firme partidario que la persona es una realidad más grande que lo que puede ser algunas proposiciones puestas sobre un papel. Sin llegar a considerarme ius naturalista, sino en todo caso me considerare un personalista del derecho.

Personalista, ese sería el camino dogmatico que sigo pues no entendería a la persona como algo abstracto sino una realidad concreta que se desenvuelve en determinadas circunstancias, la persona es una realidad histórica, esto no me lleva a asumir tampoco un relativismo, pues si bien es cierto, que el derecho regula las realidades externas de esa persona tiene primero que asumir ciertos presupuestos, como por ejemplo que la persona es libre. Estos presupuestos no se tomarían arbitrariamente sino en base a alguna realidad ontológica, esa realidad seria la naturaleza de la persona humana, entendida como dignidad humana, que es por lo que se es humano y no otra cosa. Por ello entendemos que la persona no es solo cuantificable sino, sobretodo cualificable, y esta segunda característica la tiene por ser un fin en sí mismo,  es decir, por su dignidad.

Nos interesa la persona, para su estudio, debido a sus manifestaciones exteriores que son reguladas por el derecho, pero teniendo en cuenta que existe una realidad ontológica innegable que es la que le permite llevar a cabo esas relaciones, la que le permite ser libre y ser tratada como igual a cualquier otra persona. Esa realidad ontológica es la dignidad, entendida no como absoluta y relativa, sino como una sola dignidad, que es ser un fin en sí mismo.

El término “Persona” proviene del latín personam que significa “máscara”, lo cual hace referencia al conjunto de componentes -atributos o cualidades- que constituyen un ser humano en su totalidad. Este término abarca la personalidad, que es la manifestación de ser persona.[1]

En la antigua Grecia y Roma los actores dramáticos utilizaban una máscara con una especie de bocina que aumentaba la voz con la finalidad de ser escuchados por los espectadores. En aquella época se denominaba “persona” al hombre o mujer que portaba esta máscara y al papel que representaba. Desde entonces, antropólogos, psicólogos y sociólogos han asociado el concepto de persona al rol o papel que cumple el ser humano en la sociedad.

El antropólogo francés Lucien Lévy-Bruhl llegó a la conclusión de que la cualidad de persona en un individuo se caracteriza porque actúa según una “ley de participación”, ya que no es un elemento diferenciado de las cosas que le rodean. Su colega y compatriota Marcel Mauss se centro en las variaciones de identidad y reconocimiento de la “persona humana”, según los distintos estados o momentos sociales que atraviesa. El también el antropólogo francés Maurice Leenhardt retomó ambas concepciones y definió a la persona como “conjunto de participaciones vividas con el entorno mítico y social”. La persona es un “centro vacío[2]” que sólo adquiere sentido y significación en su relación con el otro, según Leenhardt.

Algunos autores diferencian los conceptos de persona e individuo. En la década de 1970 la noción de persona surgió como entidad unida al proceso social en evolución, es decir “como proceso en sí”, concepción que se oponía a la de individuo como “entidad separada” pero que participa de la estructura social. Hoy ser una persona implica también reconocer su “derecho a los derechos humanos”

II. ¿QUÉ ES LA PERSONA?

Persona, desde el punto de vista jurídico, en sentido estricto es el ser humano, en cuanto se considera la dignidad jurídica que como tal merece. Consustancial con la persona es la capacidad jurídica, entendida como aptitud para ser titular de derechos y obligaciones. Junto a las personas físicas se reconoce la existencia de personas jurídicas[3].

Pero lo que a nosotros en este momento nos interesa es considerar al sujeto en sí, el que es el titular de esos derechos que se habla. Consideramos a la persona, como el ser humano que está detrás de este rol social que le pueda ser atribuido. La persona para nosotros, en todo caso para mí, es su esencia.

La persona es su dignidad humana, que la lleva a actuar como fin en sí misma. Y realiza actividades en la sociedad, es decir, al interrelacionarse con otras personas, lo más característico es que actué movido por fines que le lleven a obtener bienes para lograr su perfeccionamiento, estos bienes son los derechos humanos, y determinadas conductas humanas que generan obligaciones y deberes son estudiadas por el derecho, esas conductas por lo dicho anteriormente se entienden que son manifestaciones exteriores de la persona.

Al derecho le interesa la persona en cuanto sus manifestaciones externas, y esas manifestaciones externas se fundamentan en la naturaleza humana, esta naturaleza, es decir,  la esencia misma del hombre, algo por lo que es hombre y no otra cosa.

El derecho se encarga de regular y hacer frente a las distintas cuestiones que con relevancia jurídica se presentan en la convivencia humana. La persona humana –ser humano- no es equiparable a un número a la que se le asigne un valor constante o que reacciona siempre de la misma manera ante determinado supuesto, como lo harían las variables con las que trabaja las ciencias exactas.[4]

El derecho no es solo positivo, el derecho es entendido a partir de la persona humana, no en cuanto un rol que asume ante la sociedad, por lo menos no esencialmente. El derecho es atendido en cuanto la persona en sí, es decir en cuanto su dignidad.

La persona humana es una realidad compleja que tiende a la perfección[5], una forma de lograr esa perfección es haciendo respetar los derechos humanos, los derechos del hombre por ser hombre, la cuestión se traslada a saber qué es la persona humana.

La persona humana es una realidad imperfecta que tiende a la perfección, la perfección, la cual consigue a partir de la satisfacción de sus necesidades propiamente humanas.[6] La persona humana podrá alcanzar mayores grados de perfeccionamiento en la medida que satisfaga el mayor número de exigencias y necesidades que brotan de su naturaleza humana. Estas se satisfacen por bienes, bien es todo aquello que perfecciona al ser.

La persona humana es un todo actuante, es decir, que no puede ir por ciertas cosas que sean buenas y malas para él. El ser individuo al tener una dignidad, es un conjunto un mismo fin, una misma realidad, y el perfeccionamiento debe ir a todo el ser humano. Por ello sería incoherente pensar en que hay conflictos de derechos sociales del hombre con sus derechos individuales, pues ambos derechos tienen un mismo fin, servir de medio de perfección a la persona humana.

III. EL FUNDAMENTO DE LA PERSONA: DIGNIDAD HUMANA

La persona es una realidad concreta individual de relaciones interiores y exteriores. Son las relaciones exteriores las que  le importan al derecho, y ya hemos dicho que se fundamentan en la dignidad. Pero ¿Qué es Dignidad Humana?

Hablar de la persona humana, es hablar de Dignidad de la persona humana, que es lo que la define como tal. Y en cierto punto es tener un encuentro entre la moral y el derecho. Al derecho le importa el comportamiento de los seres humanos, le interesa un mínimo ético que se debe cumplir y se diferencia de la moral por la exigibilidad. Esta exigibilidad u obligatoriedad se fundamenta en la dignidad humana, de esta obligatoriedad hablaremos después. La dignidad es uno de los conceptos más amplios y difíciles de abarcar, la definición de la persona humana, es siempre incompleta, aunque definir signifique poner límites, captar una idea, poseer algo, la verdad es que ni con esta definición – y con ninguna otra que se haga- podemos llegar a tomar por completo al objeto de nuestro estudio, la persona humana.

Dignidad seria simplemente la capacidad de actuar como ser humano y de ser tratado como tal, es por ello que todo el ordenamiento jurídico se basa es proteger esa dignidad, es decir, proteger a la persona. Esto lo reconoce la constitución peruana, en el art. 1 “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y el estado.”

Partiendo de la máxima Kantiana, la dignidad de la persona supone el respeto del hombre como fin en sí mismo, premisa que debe estar presente en todos los planes de acción social del estado suministrando una  base constitucional en sus políticas, pues en el estado social el respeto a la dignidad se refiere esencialmente a lograr una mejor calidad de vida de las personas.[7]

El principio-derecho de dignidad proscribe la posibilidad de que la persona, al margen de la situación concreta en la que se encuentre,  pueda ser concebida como objeto de estado.[8] La dignidad es el fundamento de la persona y de la titularidad de derechos que buscan un único fin, el perfeccionamiento de la persona. La dignidad vendría a ser el centro de la persona que atrae, o a la que le corresponde, derechos y deberes.

IV. LA HISTORICIDAD DE LA PERSONA

Esto nos quiere decir sobre cómo se debe proteger la persona y de qué forma se le deben garantizar bienes jurídicos que satisfagan sus exigencias y necesidades. Se le debe ayudar por medio del derecho a la consecución de los grados de perfeccionamiento y de felicidad de la persona humana a través de un modo abstracto y general o de alguna forma más concreta.

La persona no existe en abstracto, sino, encuentra su más pleno desarrollo dentro de un contexto histórico determinado. Tener en cuenta la realidad en la que existe la persona humana lleva a advertir que el contenido de los bienes humanos es uno concreto, determinado por las circunstancias que definen la existencia concreta de la persona humana.[9]

El cambio de circunstancias puede generar un cambio de las necesidades humanas, tanto en su número como en su contenido, por ello existe la cláusula de derechos no enumerados en la constitución peruana al igual que en constitución norteamericana.[10] Pues es por todo sabido que la realidad supera la imaginación y no todo puede estar contenido en un papel. Y la dignidad es el núcleo central de todos los derechos incluido  los no enumerados.[11]

El hecho mismo que la persona se desenvuelva espacial y temporalmente le da la titularidad de ciertos derechos. Esto no quiere decir que es determinadas épocas o lugares la dignidad es diferente en las personas. Por lo contrario solo nos muestra como se razono en determinada época y como se entendió a ciertos derechos, que muy posiblemente no fueron entendidos por faltar ciertas realidades.

La dignidad de la persona humana es una sola, y por ella se es titular de derechos. Pero para poder ejecutar o reclamar esos derechos debe primero entenderse que la persona humana, es un ser de relaciones, y los modos de relaciones en las que actúa para conseguir su perfeccionamiento se ve influenciada por el contexto histórico, es decir, por el espacio y el tiempo donde se encuentran y el nivel de razonamiento y captación de la dignidad que se tiene, además de las nuevas realidades que aparecen junto a los nuevos inventos, las cuales traen nuevos derechos.[12]

El derecho es el encargado de ver las relaciones del hombre y regularlas de acuerdo a un tiempo y lugar determinado, además debe ser consciente de las nuevas realidades que sucedan así de que no siempre podrá abarcar todo con palabras. El derecho trata de la persona humana la cual es una realidad compleja así que siempre debe estar atento como se manifiesta esa persona concretamente. De esta forma también justificamos la cláusula de derechos no enumerados que son derechos para la persona en base a su historicidad entendida como realidad concreta y también como realidad variable según el tiempo y/o el espacio.

V. OBLIGATORIEDAD DE LOS DERECHOS HUMANOS.

Los derechos humanos pueden ser definidos como el conjunto de bienes que han de ser reconocidos  y garantizados por el derecho a fin de permitir  a la persona alcanzar cuotas de perfección humana en la medida que logra satisfacer necesidades o exigencias propias y efectivamente humanas.[13]

La obligatoriedad no proviene de la ley. Pues en caso que sea así sería solo la ley la que diga cuales son los derechos humanos y como se cumplen y si en determinado cao la ley no protegiera determinado bien humano,  no podría ser exigible un comportamiento de respeto hacia ese bien. El derecho no se reduce a la ley. El derecho necesita una referencia anterior y superior al poder público de que emana la ley, una referencia metalegal o metapositiva para no caer en la arbitrariedad de quien tiene el poder de  y capacidad de emitir mandatos imperativos y hacerlos cumplir.

La obligatoriedad proviene de la persona humana, es decir de su dignidad, que es ser un fin en sí misma. El derecho debe formularse siempre en atención y en referencia de la persona humana[14], así lo reconoce la constitución peruana.

El fundamento último de la obligatoriedad de los derechos humanos es, pues, el valor de fin en sí misma que tiene la persona humana, es decir, su dignidad humana.[15]

Los derechos son para el hombre y seria una contradicción hacer derechos para el hombre pero que atenten su dignidad. La sola creación de derecho positivo sin tener ninguna base nos lleva a catástrofes como la ocurrida en la Alemania nazi.

 El derecho regula las relaciones humanas, es decir manifestaciones exteriores del ser humano, las manifestaciones de la dignidad humana, la cual tiene que respetar y saber cuándo se esta contrariando la dignidad humana, y también saber protegerla, para que el propio estado no pueda ir en contra de la dignidad humana, entendida, como el actuar como un fin en sí mismo buscando grados de perfeccionamiento que nos lleven a la felicidad, entendida objetivamente como una satisfacción social y un especio correcto para el mas pleno desarrollo humano.

VI. PERSONA Y CONSTITUCIÓN

La constitución defiende a la persona. Pero ¿Desde cuándo y hasta cuando sé es persona? La constitución nos muestra desde sus tres primeros artículos su característica fundamental que es la protección de Derechos y libertades[16] y estas las protege teniendo como fundamento a la persona humana, en su dignidad de fin en sí misma.

El artículo 1 marca la directriz de toda nuestra organización de poder estatal. El artículo 2 nos muestra una lista de derechos y libertades, que a pesar de su extensión no pretende abarcar todos los supuestos, esto lo notamos gracias a la existencia del artículo 3 que es la cláusula de apertura a los derechos no enumerados.

Somos personas humanas desde el momento de nuestra concepción hasta el de nuestra muerte. Nuestro nacimiento no fue un derecho sino un don dado a nuestros padres, y nuestra muerte es no deseada por el ordenamiento, pero se regula por sus efectos. La muerte natural es la forma más correcta de que acabe nuestra vida pues de esa forma se sigue garantizando y respetando las medidas protectoras de la constitución.

Entendemos a la persona como un ser con dos tipos de manifestaciones, la interior y la exterior. Esta última puede entenderse como personal o comunitaria. Por lo tanto persona natural y corporaciones -persona jurídica- son solo dos vertientes de una misma realidad ontológica: el ser humano.[17]

Al concebido se le considera sujeto de derecho por su poder llegar a ser un ser humano completamente desarrollado. Su dignidad y su capacidad jurídica están fundamentadas en su potencialidad. El concebido potencialmente es un ser humano completo y por ello tiene naturaleza humana, que es la que lo hace ser lo que es y no otra cosa. Por esto su personalidad no es completa pero si atendible y razonable para el derecho. Y al ser la vida el principal derecho protegido por el ordenamiento en base a la dignidad humana, el concebido recibe esa capacidad jurídica y ciertas protecciones pues su personalidad no es completa. Por esta misma razón también en impensable hablar de un derecho a la muerte, pues se estaría contradiciendo a la constitución.[18]

VII. CONCLUSIÓN

Para conocer al hombre debemos basarnos en sus dos aspectos, su realidad ontológica: su dignidad y su realidad existencial, en la que se fundamenta mi personalismo, es decir considerar a la persona actuando como tal. Claro está que si actúa como persona en una realidad concreta, hay algo que la hace actuar de tal manera por eso, o mejor dicho ese algo que la hace actuar de tal manera es la dignidad humana, que lo hace ser un fin en sí mismo.

Al derecho en general le interesan las manifestaciones externas de las personas. Esas manifestaciones al ser reguladas por el derecho, nos lleva a preguntarnos por el significado de ser personas; en este sentido podemos entender desde dos puntos de vista: Desde cuándo se es persona y hasta cuándo, a este aspecto respondemos que los límites son la concepción y la muerte. Pero si nos referimos al porque se es persona y no otra cosa, nos referimos a la naturaleza humana, es decir, la dignidad de la persona que es ser un fin en sí mismo.

La persona humana necesita desarrollarse para lograr la perfección, para esto necesita la satisfacción de sus necesidades y exigencias por medio de bienes que la perfeccionan. Estos  bienes son los derechos humanos, los cuales se tienen de acuerdo a circunstancias históricas y al hecho mismo de la dignidad. Son de obligado cumplimiento debido a la dignidad humana y todo nuestro sistema expresa en la constitución que el fin supremo del estado es la persona humana en base a su dignidad.

A modo de aclaración, prefiero llamarle a las personas jurídicas: corporaciones, pues al fin y al cabo el término persona se debería usar a los seres humanos debido a ser individuos con racionalidad. Las corporaciones están formadas por personas, y esto también es un derecho de la persona, del ser humano.


[1] El psiquiatra Carl G. Jung remite al significado etimológico y define a la persona como “máscara de la personalidad”, lo que todo individuo aparenta. Para el antropólogo social Radcliffe-Brown, es el “componente de la estructura social ocupante de posiciones en la sociedad”.

[2] Si fuera un centro vacío damos por entendido el rechazo al concepto de dignidad humana, sería interesante preguntarse entonces sobre cómo se llena ese centro vacío. Solo con las circunstancias no puede ser, pues para recibir algo debe haber algo o alguien que lo llene, dejarle toda esa potestad a algún órgano legislador traería fúnebres experiencias como es el caso de la Alemania nazi. Entonces no sería un centro vacio el que reciba las relaciones jurídicas de su entorno, sino seria un individuo con dignidad que recibe y expresa las relaciones. Siendo la dignidad la que le da un sentido y significación a la relación con otros.

[3] La persona jurídica se entiende más en su uso que en su significado, el derecho debería admitir solo un tipo de personas, es decir, a las personas naturales que son las titulares de los derechos. La persona jurídica debería llevar otro nombre, pues es más entendible como una manifestación del derecho constitucional de asociarse. Aunque me muestre crítico a esa terminología creo que por lo menos tiene un uso mayoritario para cambiarse de un momento a otro, pero recomendamos el término “corporación”.

[4] CASTILLO CÓRDOVA, Luis. LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES Elementos para una teoría general. Tercera Edición. Lima, Palestra Editores S.A.C. 2007. Pág. 27.

[5] Cfr. Ibíd. Pág. 30. Decir que tiende a la perfección, es admitir que satisface una serie de exigencias y necesidades.

[6] Ibíd. Pág. 31.

[7] SAR, Omar A. CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL PERÚ con la jurisprudencia, artículo por artículo, del Tribunal constitucional. Tercera Edición. Lima; Editorial Nomos & thesis. 2006. Pág. 19

[8] Ibíd. Pág. 21

[9] CASTILLO CÓRDOVA, Luis. Op. Cit. Pág. 43.

[10] La constitución peruana la recoge en el Art.3 “La enumeración de los derechos establecidos en este capítulo no excluye los demás que la constitución garantiza, ni otros de naturaleza análoga que se fundan en la dignidad del hombre, o en principios de soberanía del pueblo, del estado democrático de derecho y de la forma republicana de gobierno”

[11] Cfr. SÁENZ DÁVALOS, Luis R. Los derechos no enumerados y sus elementos de concretización en Derechos Constitucionales no escritos reconocidos por el tribunal constitucional.  SÁENZ DÁVALOS, Luis R. (Coordinador). Lima; Gaceta Jurídica. 2009. Pág. 40

[12] Se consideran nuevos derechos porque recién existe una configuración exacta para que puedan ser reclamados como tales.

[13] CASTILLO CÓRDOVA, Luis. Op. Cit. Pág. 37

[14] Ibíd. Pág. 49

[15] Ibíd. Pág. 51

[16] La constitución la podemos entender como garantía de la Separación de poderes y como protectora de Derechos y libertades.

[17] Cfr. FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. Nuevas tendencias en el derecho de personas. Lima; Universidad de Lima. 1990. Pág. 27.

[18] Artículo 2, inciso 1. De la Constitución Peruana.

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