¿Es posible conocer la verdad?

¿Es posible conocer la verdad?

Edwin Leonel Córdova Reto

  1. INTRODUCCIÓN

La cuestión del conocimiento humano es tan radical como la pregunta acerca de la persona, y si bien es estudiada por una rama de la filosofía, la teoría del conocimiento se encuentra profundamente relacionada con el estatuto antropológico del ser humano. Esto es así, debido a que en cierta forma el conocimiento intelectual que se desarrolla en el ser humano es el horizonte que transforma a unos homínidos antropoides en individuos del género homo que a través de una serie de cambios evolutivos en miles de años llegarían a transformarse en homo sapiens, es decir, en seres como nosotros.

El estatuto antropológico del conocimiento humano nos muestra que nuestro actuar se realiza en libertad debido a que se toma una elección, pero para tomar esa elección no puede elegirse entre la nada, sino que una elección se toma a partir de opciones, las que pueden ser captadas en algunos supuestos mediante el conocimiento sensible. No obstante, para que el actuar humano sea libre es necesario no solo conocer sensiblemente las opciones, que en muchos casos no tienen una realidad material que pueda ser conocida por los sentidos; en cambio, una decisión realmente libre nos permite comprender la realidad, es decir, la intervención de la inteligencia es decisiva al momento de comprender las opciones y tomar decisiones, o, dicho de otro modo, es decisiva, al momento de conocer la realidad y convertirla en su mundo.

En base a estas premisas para que un ser humano sea realmente libre resulta necesario que pueda comprender las opciones que encuentra en la realidad, una realidad que la apropia y la convierte en su mundo cuando la comprende y la posee. Es decir, sin este conocimiento el ser humano sería incapaz de actuar, y en consecuencia sin ser capaz de actualizarse, es decir, desarrollar sus potencias, no podrá nunca alcanzar la perfección como persona. En ese sentido, resulta de especial importancia la capacidad del ser humano de conocer las cosas como son, de conocer su mundo, de conocer la verdad, porque solo conociéndola se es capaz de ser libre y perfeccionarse.

Ahora, si el fundamento teológico-antropológico del ser humano es alcanzar la perfección mediante los actos propios de nuestra especie, y que estos actos para poder ser ejecutados, primero deben ser elegidos a partir de una comprensión de la realidad que previamente necesita conocerse, a la cual llamamos verdad, no obstante, no podemos adoptar el punto de partida que realmente el ser humano puede perfeccionarse sino podemos explicar primero que el ser humano puede elegir libremente porque conoce la realidad, la verdad, es decir, el punto de partida que necesitamos explicar es si realmente el ser humano puede conocer la verdad, porque sin ser capaz de conocer la verdad el ser humano jamás sería capaz de poder comprender su mundo para elegir opciones y pueda realizar actos que le permitan perfeccionarse.

La acción del ser humano dependerá del conocimiento que se pueda alcanzar de la verdad, dado que si la verdad no puede ser alcanzada, el ser humano no puede quedarse sin actuar, sin elegir y sin intentar perfeccionarse. Por lo que deberá reemplazar la verdad creando un sistema que le permita interactuar con el mundo que se apropia subjetivamente, despojándole de la objetividad que tendría el conocimiento humano según lo visto en los párrafos anteriores. Es decir, no se apropiará del mundo y por ello la actuación que realice será en orden del interés y la necesidad de no dejarse abatir en un sinsentido y caer en un escepticismo que en la forma más radical lo exiliaría de la acción humana llevándolo a una inoperancia similar a la muerte.

En ese sentido, intentemos ponernos ante un hecho indiscutible para nosotros que hayamos asumido toda nuestra vida como verdaderos, y pensemos también por qué lo concebimos como verdadero, es decir, como adquirimos la certeza respecto de estos hechos, si esta proviene de los sentidos, me es dada por alguien más, o si por el contrario la he poseído siempre en mí. No podemos estar seguro de ningún conocimiento, sino conseguimos alcanzar primero a explicar como el ser humano puede conocer la verdad. Por lo que no nos quedaría otra cosa que la duda, pero no estamos ante una duda ni como punto de partida, ni como método, sino que la consideramos como alternativa cruel a la imposibilidad humana de verificar el conocimiento de la verdad.

Por lo que la intención del presente trabajo es poder contribuir a demostrar que la verdad puede ser conocida por el ser humano, y a través de ella podamos alcanzar la perfección que consideramos debida a nosotros en cuanto nos entendemos diferentes de los seres inertes, de las plantas, de los animales y de los sistemas computarizados con inteligencia artificial que debe ser controlada para evitar sorpresas posteriores que arruinen nuestro mundo tal como lo comprendemos. Para ello, buscaremos saber qué es conocer y qué es la verdad, dado que la primera nos lleva a la segunda, y si bien la segunda podría tener una realidad independiente de nuestra propia existencia, es mediante el conocimiento que somos capaces de alcanzarla y de esta manera lograr poseerla.

Pero, en ese camino analizaremos los elementos que intervienen en el conocimiento, las clases de conocimiento existentes, las posturas filosóficas sobre el conocimiento, las posturas ante la verdad; y poder concluir si realmente la verdad es alcanzable o si debemos, como dije anteriormente, aceptar la crueldad de jamás tener un mundo propio, y que para no caer en la inacción de la muerte debamos reemplazar la verdad solo para seguir viviendo, si es que se le puede llamar vida a existir en un mundo reconociendo que no somos capaces de buscar la propia perfección.

  1. ¿QUÉ ES EL CONOCIMIENTO?

El conocimiento humano es el proceso relacional que nos permite alcanzar la verdad. Pero, ante la disyuntiva de poder conocer la verdad, tendríamos que quedarnos con esta definición de una manera parcial, es decir, el conocimiento es un proceso relacional que conecta a la persona humana, el sujeto cognoscente, con lo que será conocido, el objeto conocido.

La persona humana es el sujeto cognoscente, esto quiere decir que es quien establece una relación con la realidad, en otras palabras, es la persona humana la que conoce, y cuya intención es apropiarse mental o intelectualmente de un objeto que antes no conocía. Y es por uno de los extremos de la relación del conocimiento humano, el sujeto, que podemos afirmar que el conocimiento humano es subjetivo. Pero esta subjetividad no afirma un escepticismo respecto a la posibilidad de conocer la verdad, sino solo la naturaleza subjetiva del conocimiento.

El objeto del conocimiento no es lo real, sino solo lo real en cuanto conocido por el sujeto que inicia la relación llamada conocimiento humano. En ese sentido podemos decir que en el objeto conocido descansa una pasividad, mientras que en el sujeto cognoscente se muestra la parte activa de la relación denominada conocimiento.

El conocimiento es el proceso de apropiación intelectual por parte del sujeto del objeto. Es por este proceso por el cual el mundo no nos resulta completamente ajeno y extraño (Llano, 2015, pág. 17). Sino que la cosa conocida nos resulta al mismo tiempo, distante y cercana, la distancia es por la no posesión material de los objetos conocidos, pero la presencia es porque lo conocido es por una persona es suyo, la posesión no es material sino de la forma; nuestros sentidos conocen las formas accidentales que no constituye la interna naturaleza de una cosa, sino propiedades que determinan a una realidad de una manera u otra; pero nuestra inteligencia abstrae de la realidad lo esencial y lo posee formulando posteriormente conceptos (Llano, 2015, págs. 18-19).

El conocimiento humano tiene una triple naturaleza, es inmanente, intencional e inmaterial. La inmanencia del conocimiento pone de manifiesto la interiorización del objeto conocido, es decir, se da una permanencia de lo que se conoce en el sujeto, no se trata de una sola relación que se da en un momento y termina, es decir, no estamos ante una actos transeúntes, es decir, cuyo resultado de la acción no recaen en el sujeto, por el contrario el conocimiento humano es un proceso/acto inmanente, es decir, que el resultado del proceso permanece en el sujeto, y no solo los guardo tipo una biblioteca guarda a los libros, sino que el proceso del conocimiento cambia al sujeto para siempre, le hace posible elegir, actuar, perfeccionarse.

El conocimiento humano también se denomina intencional debido a que es el ser humano el que muestra una apertura hacia el objeto conocido, el objeto conocido no forma parte del mundo del ser humano como sujeto cognoscente, si el ser humano no se dirige a conocer al objeto. Por lo que puede afirmarse que el mundo del ser humano se conforma por los objetos conocidos y no por la realidad en general, sin embargo, si el ser humano quiere profundizar en la verdad o en la realidad, deberá ampliar su mundo, es decir, deberá dirigirse a poseer comprensivamente más de la realidad (Selles, 1997, pág. 12).

La inmaterialidad del conocimiento humano se evidencia en que la posesión del objeto no es poseer la materia de lo conocido sino la forma, es decir, se posee todas las cualidades o rasgos esenciales, sin necesidad de hacerlo físicamente en el interior de nosotros. En el conocimiento humano se posee inmaterialmente lo que hace que algo sea lo que es y no otra cosa diferente, siendo que de esta manera el sujeto cognoscente se apodera del objeto conocido, es decir, convierte parte de la realidad en su mundo, lo incorpora a su acción, dado que mediante esta posesión nos permite orientar, decidir y actuar en la búsqueda de nuestro desarrollo teleológico que nos llevará a la perfección.

El conocimiento humano puede clasificarse en dos tipos, el primero es el conocimiento sensible y el segundo es el conocimiento intelectual, ambos de la misma importancia, aunque el segundo es propio del nivel de vida intelectivo. 

CONOCIMIENTO SENSIBLE

El conocimiento humano sensible es muy similar al tipo de conocimiento que poseen los animales. No obstante, el conocimiento sensible en el ser humano es diferente al conocimiento que se da en el nivel de vida sensitivo, esto es porque el conocimiento sensible del ser humano está impregnado de racionalidad.

El conocimiento humano es la relación entre el sujeto que conoce y la realidad que es conocida. Lo propio del conocimiento es la permanencia del sujeto y el respeto de la alteridad de lo conocido, en ese sentido, es preciso que haya un punto de encuentro entre la realidad y el sujeto que conoce, y ese punto de encuentro son los sentidos, que se clasifican en externos e internos, siendo que los primeros captan lo exterior y los segundos trabajan con las sensaciones captadas por los primeros (Garcia, 2010, págs. 53-58).

De los sentidos externos tenemos que son facultades que pasan a acto en presencia de estímulos de la realidad (Castillo, 2000, pág. 103), los cuales son captados a través de las sensaciones. Los sentidos externos se conforman por una base material y una base espiritual, los sentidos no pueden reducirse a su soporte orgánico que son los órganos, debido a que esos órganos funcionan como tal en base al alma que les permite seguir con vida, recordemos que un ojo separado de su cuerpo no ve. Si la base material está en perfectas condiciones necesitara mantenerse como parte de la unidad del ser viviente para poder seguir captando las sensaciones correspondientes a cada sentido. Un órgano solo capta un tipo de sensación, y son las sensaciones en conjunto las que le permiten, al ser unificadas, al ser humano captar las percepciones (Castillo, 2000, pág. 104).

En cambio, los sentidos internos se encargan de trabajar con las sensaciones que han sido captadas por los sentidos externos. Las sensaciones se reciben de modo disperso, son captadas en base a cada sentido; y el sujeto cognoscente busca unificar las sensaciones convirtiéndolas en percepción, por medio del sentido interno, llamado sentido común. La percepción no es algo fugaz, sino que permanece en el sujeto cognoscente por lo que es necesario que exista un sentido interno que apoye la conservación de la información. Este segundo sentido interno se denomina fantasía o imaginación, la misma que puede ser definida como la facultad que tiene por objeto el volver a considerar o hacer presente de nuevo algo que estuvo presente en los sentidos externos, además de reconstruir percepciones presentes con pasadas y combinar imágenes para obtener nuevas síntesis sensoriales; para asegurarse la conservación de dichas imágenes son guardadas en la memoria, la que se encarga de recordar lo que debe recordarse y olvidar lo que debe ser olvidado (Garcia, 2010, págs. 59-63).

Por último, en los sentidos internos tenemos la estimativa en el caso de los animales que se constituye como una respuesta instintiva, y también tenemos la cogitativa en que no solo se observa lo conveniente o inconveniente de una determinada realidad para responder ante ello, sino que la racionalidad está involucrada, y es en esta parte en que la voluntad humana ayuda a gobernar políticamente las tendencias sensibles y la afectividad humana. Si la cogitativa no participa ejerciendo el control político racional el ser humano puede alterar la valoración de lo útil y lo nocivo, dado que el ser humano no está programado instintivamente, sino que en este momento entra en participación la inteligencia, voluntad y libertad humana (Castillo, 2000, págs. 128-130).

CONOCIMIENTO INTELECTUAL

No hay nada en la inteligencia que no haya pasado primero por los sentidos. Además, no hay nada en los sentidos cuyo origen no sea la realidad. El ser humano a partir de la abstracción puede captar lo común y lo esencial de lo real, y formularse conceptos. Sin embargo, debemos dejar claro que la realidad se encuentra en los conceptos que usa el ser humano, pero no se limita en ellos. El concepto surge a partir de la multiplicidad de experiencias reducidas a una sola noción (Garcia, 2010, pág. 82).

¿Qué guarda el concepto de la realidad? El concepto guarda la esencia de la realidad misma; en cambio los sentidos no logran llegar a una unificación de la pluralidad, sino que se concentran en lo individual y accidental por lo que puede definirse a los sentidos como un nivel de conocimiento inferior respecto de la inteligencia, pero no menos importante, dado que no habría nada con lo que la inteligencia pueda trabajar sino hubiera sido captada primeramente por lo sentidos, ahora si los sentidos nos engañan, realmente la inteligencia trabaja con una percepción defectuosa de la que los sentidos son capaces, o no trabaja en ningún modo con los sentidos y el conocimiento es producto de la inteligencia encerrada en el interior del propio sujeto.

Pero, sin importar lo anterior, ¿qué es lo qué se hace una vez que se tiene conceptos y se quiere seguir en el camino de autodeterminación para poder alcanzar la capacidad de elección y acción necesaria en el ser humano? Se empieza a trabajar con los conceptos relacionándolos entre sí, dando lugar a lo que comúnmente se llama juicio, que es una posición crítica relacional de lo que las cosas son, o por lo menos del que podemos alcanzar a decir que son las cosas. Dos conceptos válidos, darán lugar a una relación o juicio válido acerca de lo real y nos permitirá una mayor adquisición comprensiva de la misma convirtiéndola en nuestro mundo. El juicio se establece a partir del verbo “es”, haciendo referencia a que todo juicio es explicativo, debido a que pretende decirnos lo que las cosas son, dado que la verdad que alcanza el ser humano tiene que ver con el juicio que se establece, es decir, si se logra realmente poseer la realidad convirtiéndola en su mundo a través de decirnos lo que las cosas son en si mismas. Debemos tener en cuenta que el juicio no es una mera asociación de conceptos, sino que es una afirmación o negación de algo real y por lo tanto supone un regreso a la realidad para poderla comprender y convertirla de esta manera en nuestro mundo (Garcia, 2010, pág. 82).

La verdad brotara de la adecuación de la afirmación mental se encontrará en la adecuación de la relación mental creada por el verbo ser, y la particular realización de esa relación en la realidad, es decir, si la relación creada por el verbo ser, no se cumple en la realidad ese juicio sería falso, pero si se cumple entonces ese juicio será verdadero (Castillo, 2000, pág. 223). No obstante, el ser humano no se queda solo con los juicios formulados relacionando conceptos, sino que sigue relacionando conceptos y juicios hasta poder formar un mensaje o discurso racional que pueda compartir con el mundo que le ha poseído que ha convertido en suyo y que sea un punto de partida para poder seguir aumentando su posesión de lo real, y así seguir enriqueciendo su mundo y encontrar una mayor libertad en la comprensión que le permitirá el desarrollo humano a partir del conocimiento de la verdad que se encuentra escondida en la realidad y que uno posee o conoce al convertir la realidad silogísticamente en nuestro mundo a partir de una posesión inmanente, intencional e inmaterial del mismo (Garcia, 2010, pág. 83).

  1. ¿SE PUEDE CONOCER LA VERDAD?

Hemos seguido hasta el momento como sería el desarrollo cognoscitivo del ser humano según la teoría clásica. No obstante, esa teoría entrará en crisis y muchos creerán que partir de la postura que nuestros sentidos no nos engañan en un realismo ingenuo y dogmático. Y que será necesaria una continua comprobación de las cosas, pero si tomamos esto como punto de partida que en principio parece tan razonable necesitaremos luego una comprobación de la comprobación y tendremos que para anular esa serie infinita se pondrán arbitrariamente unos principios que no necesitan demostración, los cuales demuestran las debilidades de la posición moderna, porque así como se asumen esos principios, bien podría asumirse el principio realista que los sentidos no nos engañan.

DEFINICIÓN DE LA VERDAD

Al reconocer que la verdad se encuentra relacionada con el verbo ser, podemos entender a la verdad en relación con lo real, al ente en si mismo que puede ser conocido, en ese sentido podemos decir que la “verdad es”, lo que nos muestra una separación de lo que nosotros queremos que sea con nuestra subjetividad, dado que la verdad tiene una entidad separada del subjetivismo.

Ese “ser” de la verdad se pone de manifiesto cuando se comprende que lo que pasa por el plano mental, es decir, del pensamiento, se corresponde con lo que sucede en el plano ontológico, de la realidad, ya que si no hay una correspondencia no se podría decir que estamos en la posesión de la verdad. Asimismo, debe aclararse que el plano preferencial es el ontológico, debido a que el ser humano no puede variar al ente a partir de lo que conciba mentalmente, dicho de otro modo, el ser humano descubre lo que las cosas son, no las determina mentalmente, la verdad se encuentra a partir de la realidad comprendida y apropiada del mundo, no se forma el mundo desnaturalizando mentalmente la realidad (Llano, 2015, págs. 130-132).

El problema de la verdad del conocimiento se puede ver desde tres niveles (Llano, 2011, págs. 42-50), el primer nivel es el de la verdad lógica, la cual tiene que ver con los razonamientos válidos que realiza el ser humano pudiendo acercarse comprensivamente a lo real para apropiárselo y así ampliar el mundo poseído por la persona.

Dicho de otro modo, la verdad lógica consiste en la adecuación de nuestro entendimiento con las cosas para lograr reflejar lo que las cosas son o hacen (Llano, 2015, pág. 134). En ese sentido, el pensamiento humano deberá reflejar fielmente las cosas para que haya verdad, sino nos encontramos ante la falsedad.  La falsedad es diferente a la mentira, pues la mentira es cuando no hay conformidad entre lo que se dice con lo que se piensa. Puede que lo real sea diferente a lo que pienso, pero si al decirlo estoy seguro de ello no se da una mentira sino se da la falsedad, en cambio si afirmo un juicio con el pensamiento y la convicción de que la realidad no se corresponde al mismo, estaré en el plano de la falsedad moral, que es lo que llamamos mentira.

Un segundo nivel es el de la verdad epistemológica, que es la que hemos venido hablando, la cual se descubre por la relación del intelecto del sujeto a la realidad. En la verdad lógica tenemos razonamientos validos que nos llevan a una conclusión, en la epistemológica tenemos la real vinculación del plano mental y del plano ontológico, los cuales son dependientes entre sí, siendo que el plano ontológico tiene prioridad.

Esta relación de la verdad como vinculado a dos planos nos muestra que el plano de la realidad es el prioritario, dado que lo que se apropia una persona en el plano del pensamiento y que convierte en parte de su mundo no puede haberse generado de la nada, sino que tiene su origen en algo, y este algo es lo real, donde las cosas son, y el pensamiento solo tiene a las cosas que son en cuanto conocidas. En ese sentido descubrimos una prioridad ontológica que ha sido dejada de la lado en la época moderna, la cual es que el pensamiento humano depende de la realidad y debe trabajar regresando a la realidad sabiendo que debe respetar lo que las cosas son, no porque sea una obligación sino porque no le queda de otra, una cosa es la creación artificial que puede darse en la realidad a partir de lo pensado, otra muy diferente es la mutación de lo natural que pretende dar el hombre moderno y postmoderno de la realidad a partir de lo pensado, cambiando la naturaleza de la realidad, pretendiendo crear el mundo humano como brote de lo pensado reemplazando el origen de nuestro mundo que es la apropiación y captación comprensiva de la realidad. El ser humano en su soberbia se ha constituido en un dios que pretende crear a partir de su mente en lugar de comprender lo real.

El comprender que la realidad en sí es algo distinto de la apariencia subjetiva que podamos tener de ella nos pone frente a un tercer nivel que es el de la verdad ontológica, es decir, la realidad en el plano de su propia entidad. Esta verdad ontológica es la adecuación que tienen las cosas con el entendimiento. Esto es que todo ser es verdadero ontológicamente, porque todo ser es lo que es, es decir no depende de los otros seres, a excepción de Dios que los crea. Dicho de otro modo, la realidad entitativa de los seres en el plano teórico solo dependería de Dios, que sería quien les da su estatuto ontológico, pero no de la persona, quien no les da ese estatuto, sino que solo hace un reconocimiento de lo que las cosas con en si mimas en cuanto que son.

Por lo tanto, la verdad es una de las propiedades trascendentes de los entes que no puede faltarle a ninguna realidad que es factible de ser conocida, es decir, todas las realidades, dado que el ser humano puede apropiarse la realidad estableciéndola como su mundo. Todas las cosas son verdaderas en dos sentidos, en cuanto creadas como tal, pero en un sentido humano en cuanto la capacidad de ser conocidas tal como son, y ese ser de las cosas no es determinable por el ser humano, por lo que el alcance de la verdad, y por medio de ella la perfección humana requiere un despojo de la soberbia subjetiva intelectual que nos lleva a no respetar la naturaleza de lo real, y por lo tanto tener un acercamiento humilde ante la verdad que debe ser descubierta y que se plantea como un misterio en la realidad, un misterio que al ir siendo comprendido forma parte del mundo ser humano que lo ha logrado conocer.

La inteligencia, que es la comprensión del mundo en cuanto elige el objeto que quiere conocer, se dirige a él y lo lee comprensivamente; no siempre se encuentra en total seguridad respecto a los juicios que formula, por lo que podemos encontrarnos con diferentes estados de la mente humana respecto a la verdad que el ser humano pretende conocer para convertirla en su mundo.

No existe una falsedad ontológica, dado que en el plano de lo real los seres siempre seguirán siendo lo que son, pero si puede existir una falsedad lógica o error, el cual consiste en la no adecuación de nuestros juicios con el comportamiento de lo real.  Las causas del error pueden ser psicológicas, lógicas y morales (Llano, 2011, pág. 65).

Sin embargo, el error, no es ignorancia, debido a que esta es la ausencia de un conocimiento debido, el error no expresa lo que hay en la realidad, la ignorancia no supone juicio alguno al respecto. Debe aclararse que solo somos ignorantes de los juicios debidos que debemos poseer en cuanto personas, y en cuanto la determina actividad a la que nos dedicamos, nadie puede pretender que el ser humano posea todos los conocimientos del mundo, ni todos los referidos a su carrera, por lo que nadie puede ser llamado ignorante en base a la ausencia del conocimiento especializado de una determinada carrera.

Ahora, si nos encontramos ante dos juicios antagónicos, por los cuales hemos suspendido la aportación de una afirmación dado que ambos aparecen contrapuestos para la inteligencia y esta vacila entre ambas nos encontramos ante lo que se denomina, la duda (Llano, 2011, pág. 58). Se pueden distinguir dos tipos, la primera es una duda negativa, en que no se tiene razones para apoyar a ninguno de los juicios antagónicos que se presentan, y la segunda es la duda positiva, que es cuando se tiene argumentos convincentes para apoyar a uno y otro juicio antagónico entre los que se encuentra el ser humano intentando apropiarse la realidad, la verdad para abarcarla en su mundo.

Sin embargo, cuando ante varias afirmaciones contrapuestas si aceptamos una de ellas, pero no con una firmeza total, sino de manera débil y fundada en razones subjetivas nos encontramos ante la opinión, que se distingue de la duda en que la mente no se ha quedado derivando entre las opciones presentadas, sino que ha decidido afirmarse en una de ellas, aunque sin las razones objetivas suficientes (Llano, 2011, pág. 60).

La opinión se distingue de la fe o creencia en que esta última si tiene razones suficientes, las cuales se basan en una autoridad indiscutible, es decir, en la confianza ante que no soy engañado, por lo tanto la fe o creencia no se forma por juicios opinativos de naturaleza subjetiva, lo que se evidencia por ejemplo al momento de objetar en conciencia, dado que no se objeta por lo que subjetivamente se cree respecto a una creencia sino por lo que objetivamente determinado culto defiende como creencia colectiva y fundante de la misma. La fe o creencia nos da una absoluta certeza, sin renunciar por ello sino teniendo fundamento en la evidencia (Llano, 2011, pág. 63).

La certeza es el estado de la mente en que existe una seguridad de la posesión de la verdad, siendo que este asentimiento se funda en la evidencia, quedándonos sin el temor de estar errando en la captación del objeto conocido. Debe distinguirse la certeza de la evidencia, la evidencia es la causa de la certeza (Llano, 2011, pág. 51).

Pero no todos afirman que pueda llegarse a tal certeza, sino que muchas veces al punto que se llega es a una resignación respecto a la verdad, y en otros casos, se parte que la certeza que puede alcanzar el ser humano no tiene una vinculación que parte de lo real, pasando por los sentidos y siendo comprendido por la inteligencia, sino que o bien enfatizan uno de estos elementos o los transforman para intentar hacerlos viables en un sistema creado, produciendo la confusión entre el plano mental y ontológico.

OPOSICIONES A LA TEORIA EXPUESTA

Recorreremos brevemente corrientes opuestas a la teoría expuesta, primero por corrientes transversalmente históricas, como son el escepticismo, relativismo y agnosticismo; para luego centrarnos en las corrientes modernas que terminan fundando una teoría de conocimiento en que el ser humano se encuentra alejado de lo real, por lo que su inteligencia no se apropiará nunca del mundo, y por lo tanto solo caerá en un subjetivismo, o idealismo respecto a lo real como modo de abandonar el sinsentido, pero sin encontrar un verdadero sentido de perfección sino solo de supervivencia en un mundo caótico que se nos presente como incomprensible en si mismo.

El agnosticismo es una postura que piensa que el conocimiento de las cosas no es tan profundo como se plantea y por lo tanto el ser humano no puede formularse afirmaciones, no niega que exista la verdad, sino que no cree que el ser humano pueda llegar a conocerla de un modo pleno.

En cambio, el escepticismo nos plantea ya una posición en que se duda de la real posesión del objeto conocido, rechazando la existencia de la verdad absoluta, y aunque esta existiese no habría manera real de poder conocerla (Llano, 2011, pág. 71).

El escéptico puede adoptar esta forma de pensar como un punto de partida para originar el conocimiento a partir de dudar metódicamente de todo, lo que se llamara escepticismo metódico, pero también puedo constituir un escepticismo sistemático, en que la duda realmente se vuelve el sistema de la existencia humana, la cual provocaría la suspensión del juicio dado que nunca podremos saber si el objeto pensado es igual que el objeto conocido de la realidad.

Sin embargo, si nada puede afirmarse tampoco podría afirmarse el escepticismo, dado que también deberíamos dudar del mismo, haciendo imposible una vida de esa manera que aleja al ser humano de la capacidad de actuar, elegir y perfeccionarse, asimismo, es anecdótico decir que quien acepta la duda como sistema, ya está respaldando una verdad, es decir, la verdad de la propia duda (Llano, 2011, pág. 75).

Por otro lado, existe el relativismo, en el cual hay personas que no se oponen a la verdad de modo absoluto, y reclaman la posibilidad de la existencia de una verdad en base a una época, lugar o circunstancias determinadas, por lo que la verdad relativa significa que la verdad de un juicio dependerá de condiciones o circunstancias en las que ha sido formulado (Selles, 1997, pág. 221).

El desconocimiento de la objetividad nos lleva a pensar que las personas que defienden esta postura solo se quedan subjetivamente en el interior del sujeto sin establecer relación con el objeto conocido que da objetividad al conocimiento, produciendo un alejamiento de la realidad, no pudiendo apropiarse del mundo y generando un individualismo que desencadena la soledad de la sociedad actual.

En las corrientes modernas se acepta que el conocimiento es posible, pero se cuestiona cual es el origen del mismo. Es por ello por lo que surge el racionalismo que nos dice que los únicos juicios validos son los que se fundan en la razón humana, habiendo un desprecio radical a lo que los sentidos aportan (Llano, 2015, pág. 221). En ese sentido para que la razón humana pueda generar conocimiento es necesario que no sea un espacio en blanco, sino que posea unas ideas innatas no adquiridas por la experiencia y que se constituyen como el soporte lógico de todo conocimiento.

Por lo tanto, en base a esta postura no habría una apropiación del mundo dado que el ser humano no recurriría a lo que se encuentra externo a él y la única realidad importante no sería la que los sentidos pueden captar sino la que las ideas innatas producen produciendo un desencuentro con lo real.

En oposición al racionalismo surge el empirismo el cual niega todo tipo de verdades anteriores al conocimiento, y respalda la experiencia como medio de adquirir datos válidos, pero desconfían de la razón al momento de ordenar dichos datos (Llano, 2015, pág. 245). La mente como página en blanco solo es una especie de archivador de lo que la experiencia va recibiendo, y todo conocimiento o afirmación debe ser respaldado por los sentidos, por la experiencia, lo única que hace la mente es generalizar, no universalizar lo que sucede en la realidad, por lo que tampoco hay una apropiación  del mundo, debido a que se niega que se produzca una comprensión del mismo, el ser humano está llamado a solo interactuar con los sentidos respecto a lo que estos captan y basados solo en el conocimiento sensible, terminará actuando en base a lo que se le presenta como conveniente o inconveniente, es decir, solo en base al interés.

Kant será quien nos proporcione el criticismo, el cual pretende ser una superación de las dos corrientes de pensamientos anteriores (Llano, 2011, págs. 15-18). El criticismo niega la posibilidad de conocer el mundo tal como es, sino solo lo podemos conocer tal como se presenta ante nosotros, es decir, todo conocimiento para ser válido debe ser captado por los sentidos, de los cuales vienen desorganizados. Por lo que deben ser organizados y comprendidos por unas estructuras a priori, es decir, formas que están en nosotros mismos y que el sujeto cognoscente aporta, siendo que la relación sujeto cognoscente y objeto conocido se realiza por intermedio de estas estructuras a priori.

Lo que determinara que no llega al sujeto cognoscente lo que el objeto conocido es, sino que solo llega lo que las estructuras a priori pueden captar de la sensibilidad del objeto conocido, en ese sentido se afirma que solo conocemos la realidad tal como se presenta ante nosotros, pero no tal cual es; produciéndose una conexión distante entre la persona y su realidad, y al momento de conformar el mundo deberá resignarse en que el mundo no refleja lo real, y que la verdad solo sería lo que es aceptado por las estructuras a priori, es decir, la verdad dependería del sujeto, aunque de una manera “objetiva” que son las estructuras a priori y las sensaciones posibles de ser comprendidas. Lo que nos lleva a un oscurecimiento del misterio del mundo, oscurecimiento que al no haber manera de ser iluminado no nos tendría que preocupar más, y solo deberíamos actuar en base a lo que es posible de iluminar o conocer gracias a las estructuras a priori.

  1. CONCLUSIONES

Hemos recorrido un camino apresurado, breve, de la filosofía del conocimiento solo con la atención de centrarnos en la posibilidad del conocimiento de la verdad. Y nos encontramos finalmente ante negar la posibilidad del conocimiento de la verdad o ante la posibilidad de afirmarla.

Las posturas que la niegan no solo imposibilitan el conocimiento sino que imposibilitan el desarrollo de la vida humana condenando al ser humano a vivir sin sentido, no obstante, nos libramos de esta condena en la especial contradicción interna de estas posturas, dado que si nada puede ser afirmado, o todo es relativo también lo serán las propias formulaciones teóricas al respecto, debido a que no se pueden reclamar como verdaderas al haber negado la verdad, en ese sentido, no podrán afirmarse esas teorías, y también solo se pueden entender bajo determinadas circunstancias, en otras palabras, solo determinadas circunstancias llevan a las personas a actuar de esa manera, aunque no siempre se podrán validar esas teorías debido a que son contradictorias en si mismas.

Ahora, respecto a las que afirman que si existe posibilidad de conocimiento debemos confrontar un realismo ontológico, y un realismo critico o criticismo kantiano. Primero recordemos que para los racionalistas modernos es imposible el conocimiento certero que parta de los sentidos, por lo que para ello el conocimiento parte de verdades a priori. En cambio, para sus opositores, los empiristas, no se puede confiar en una razón que parta de verdades a priori, por lo que solo queda confiar en los sentidos, sin embargo, esa confianza renovada en los sentidos se alcanza a partir de una pérdida de confianza en la razón. Kant pretende conciliar ambas posturas, debido a que tiene claro que el esquema del conocimiento debe vincular tanto el elemento sensible y el elemento racional; mediante unas categorías a priori que se encuentran vacías de contenido, pero que ordenan lo real, o mejor dicho que ordenan lo captado mediante los sentidos siempre y cuando las categorías a priori puedan captar realmente la realidad.

Es decir, la realidad en si misma solo es captada en base a lo que se presenta ante las categorías a priori, es decir solo se conoce el fenómeno, pero no el noúmeno, o realidad en si. El conocimiento de la verdad en Kant será solo en conocimiento de lo fenoménico, lo único captable por las estructuras a priori, ignorando la realidad en si misma, sin embargo, el poseer unas estructuras a priori, viene a ser la misma aplicación que ya había aplicado Descartes al decir, no me engañan los sentidos porque Dios es bueno, es decir, recurrir al cajón de sastre filosófico para poder sustentar un sistema.

En concordancia a Kant comprendemos que los sentidos no nos engañan. Pero al ser materiales y por ellos potenciales y limitados, por lo que el conocimiento humano se despliega a partir de la adquisición sensorial que se pueda tener capacidad de realizar, lo que nos implica que conocemos el mundo y nos lo apropiamos pasando por el tamiz de los sentidos que captan todo lo que están programados para poder captar, la apropiación intelectual no es meramente pasiva, por lo que será la inteligencia la encargada de desvelar el misterio del mundo que los sentidos no captan y será la misma inteligencia la que proporcione al ser humano la capacidad de fortalecer los sentidos para descubrir en mayor medida el misterio de lo real y ampliar el mundo poseído. Teniendo cuidado de ser reemplazado por la tecnología, y poner barreras a la perfección humana.

Ahora, el ser humano no solo conoce sensiblemente, sino que conoce la realidad primero por los sentidos, y luego intelectualmente, es la inteligencia humana la que le permite al ser humano conocer el mundo. En ese sentido, la limitación sensorial del ser humano le permite construir un mundo válido, verdadero, pero no completo y es tarea de la inteligencia humana el completar/desarrollar el conocimiento hasta que pueda haber una comprensión mayor de la realidad que le permita captar el mundo.

La verdad es un alcance personal relativo, absoluto, subjetivo, objetivo, y en si misma una construcción social por medio de un dialogo, la verdad no es consenso, sino se encuentra en una estructura donal de las relaciones humanas. La verdad es relativa, no aceptando el supuesto del relativismo sino en cuanto entra en relación con un sujeto, por lo que puede afirmarse que la verdad es subjetiva, pero al ser una relación la verdad no depende del sujeto solamente, sino que también depende del objeto conocido, en ese sentido la verdad es objetiva, pero al ser objetiva. No obstante, muchos pretenden imponer lo conocido objetivamente o subjetivamente a los demás, y se ha dado por llamar a la verdad absoluta cayendo en una intolerancia y violencia para quien no conoce como yo conozco la verdad, por lo que debemos decir que en ese sentido la verdad no es absoluta, pero puede entenderse como absoluta cuando se entiende como libre, la verdad es algo con lo que se entra en relación, una relación que no la determina sino que la descubre, por lo tanto la verdad es absoluta en cuanto libre a la espera de ser descubierta, y es esa realidad descubierta la que una vez poseída comprensivamente por el ser humano se constituye en su mundo.

Ahora, el mundo construido dependerá de la comprensión de la inteligencia, pero la comprensión de la inteligencia dependerá de lo que los sentidos captan, y lo que los sentidos captan dependerán de la capacidad de captación de los sentidos, por lo que puede afirmarse que el mundo que construimos no es un reflejo fiel de la realidad en cuanto tal, pero no es una falsificación de ella, sino que es un reflejo fiel a lo que mis sentidos pueden conocer de la realidad. Esto se debe a que el ser humano es limitado, no puede conocer toda la verdad, y la que conoce no la puede captar en su totalidad, pero no conoce mal, sino que solo conoce incompleto, y es la inteligencia humana la que construye el mundo en base a datos objetivos conocidos, el conocimiento de la verdad es personal y limitado.

Pero el ser humano no vive aislado, sino que vive en sociedad, y esto ayuda a remediar lo personal y limitado, es decir, al conocer una parte de la verdad, dada la extensión de la misma, lo que nos quiere decir, que otras personas han alcanzado un conocimiento similar al mío, pero no el mismo, dado que se pueden haber centrado en una parte diferente de la realidad de la que yo me he percatado, y si se ha fijado en la misma parte que yo los datos objetivos que todos podemos conocer los ha comprendido subjetivamente mediante su mente, por lo que de un dialogo donal la vida en sociedad puede permitir que compartiendo lo conocido se enriquezca -perfeccione- nuestro mundo.

No estamos en frente a un consenso, no es llegar a acuerdos que permitan vivir en paz, sino que estamos enfrente de la posibilidad de una construcción objetiva de la verdad, un descubrimiento social de la misma al compartir el alcance personal, el dialogo es necesario no para llegar a un acuerdo, sino para descubrir lo que la comprensión de otros han captado acerca de lo que puede ser conocido de la realidad, descubrir si alguno a logrado crear algo que nos acerca más a la realidad (tecnología que nos permite comprender fortalecer los sentidos), y así de manera social alcanzar la verdad para un perfeccionamiento común.

Porque si bien el acercamiento a la verdad es personal y consiste en el descubrimiento de una realidad en si, la verdad tiene naturaleza social y puede construida por las personas, entendiendo lo que decíamos al inicio de esta investigación, la construcción no dependerá de lo que subjetivamente mantenga cada uno, sino de la relación personal que cada uno dona en el dialogo social de una verdad conocida objetivamente.

  1. BIBLIOGRAFÍA

Castillo, G. (2000). Hacia el conocimiento de uno mismo. Piura.

Garcia, J. (2010). Antropología filosófica. Una introducción a la filosofía del hombre.    (5 ed.). Navarra, España: EUNSA.

Llano, A. (2011). Gnoseología (7 ed.). Navarra, España: EUNSA.

Llano, A. (2015). Teoría del conocimiento. Madrid, España: Biblioteca de autores cristianos.

Selles, J. F. (1997). Curso breve de teoría del conocimiento.

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