La universidad y el bien común ecológico*

* Dictado en el Seminario de supervisión y fiscalización ambiental.

Para entender el rol de la universidad debemos entender que está es una de las cinco comunidades intermedias que actúan en la sociedad. A estas se les llama así porque se coloca entre la persona y el estado, es importante hacer esta distinción para poder entender que existe una coordinación y no una separación entre la búsqueda del bien personal y el bien común, o dicho en otras palabras el bien de la comunidad.

En ese sentido nos preguntamos al igual que Bertrand Rusell sobre ¿Cómo podemos combinar el grado de iniciativa individual necesario para el progreso con el grado de cohesión social indispensable para sobrevivir? Se tiene que tener una lealtad en la comunidad para poder fomentar el progreso social, sin embargo, esa lealtad no debe ser basada en el miedo, una lealtad basada en el miedo excluye las comunidades intermedias y desconoce la libertad humana de organizar su propia vida, y según la teoría política de Hobbes nos permitirá tener un Estado Leviatán tan poderoso que garantizará toda “la libertad” del ser humano que “sea permitida” o mejor dicho “aceptada por el poder estatal, pero nos encontramos en este momento con la intención de reconocer esa libertad humana y preguntarnos sobre la labor de la persona humana siendo libre y no egoísta, ni quedando oculta en una oscura masa social. 

La persona oculta en la masa social ve decrecer su libertad ante un estado todopoderoso, bien señala Hannah Arendt que el peor mal es la indiferencia ante la realidad social, lo que ella suele denominar como “la banalidad del mal”. Mientras que las personas egoístas ven como en su individualismo solo se basan en un interés egoísta, tal como expone Ayn Rand, en su libro titulado la virtud del egoísmo, sin embargo, a pesar que esto nos lleve a pensar en Adam Smith debemos recordar que el interés personal de Smith no es una actitud egoísta.   

Smith nos llama a prestar atención a la posición de la tercera persona, bajo un criterio moral denominado simpatía, por el cual se pone uno en lugar de otro actuando en sociedad como si estuviéramos supervisados por un espectador imparcial. Aristóteles nos indicará que todos buscamos la felicidad, que la pregunta no trata sobre por qué buscamos la felicidad, sino que el ser humano la busca y debemos responder a qué es la felicidad, pero que esa es una respuesta personal que solo se da por cada uno de nosotros al final de nuestros días al ver una vida ordenada.

Regresando al tema de las comunidades intermedias, debemos señalar que estas son uniones de personas basadas en la benevolencia, y que se constituyen como realidades intermedias entre el estado-gobierno y la persona como sujeto individual. Pertenecen al ámbito general de la sociedad civil, y constituyen el modo adecuado de fomentar la convivencia social. Las otras formas de relaciones interpersonales son la justicia y el odio. Estas comunidades intermedias son: la familia, los vecinos, la escuela, la universidad y la empresa.

Podemos decir que en la familia se encuentra caracterizado de manera notoria esa benevolencia que la conforma y engloba a los hijos, a quienes se les educa para la convivencia social; la benevolencia que radica en la comunidad de vecinos es la búsqueda de un bien común, de una verdad común a la comunidad a la que pertenecen, un primer llamado a lo que será la búsqueda del bien común de la sociedad en general; en la escuela se inicia el descubrimiento de la benevolencia en la amistad, el cual también se inicia en la comunidad de vecinos, pero esta se ve acompañada con un acercamiento inicial del amor a la verdad que debe guiar la actuación del ser humano y nos forma para elegir una vida en sociedad, y con ello una carrera.

Por lo que nos vamos a la universidad con un profundo amor a la verdad que en la labor del estudiante y del profesor se debe ir incrementando teniendo como base una visión unificadora de la realidad, no pretendiendo que la única realidad que existe es mi carrera o que todo puede ser explicado a partir de la misma, dado que todo debe ser explicado a partir de la persona humana, que se caracteriza por su amor a la verdad y con ello la constante búsqueda de comprensión global e integra de la realidad; por último, cuando salimos de la universidad nos enfrentamos a un trabajo que puede desarrollarse en una empresa o quizás logremos formar nuestra propia empresa y a partir del amor a las verdades prácticas podremos obtener una serie de ganancias que benefician al dueño de la empresa (utilidades), a los trabajadores (sueldo) y a la población de la comunidad donde se ubica la empresa en general (responsabilidad social, pero ante todo el impacto de la empresa en la sociedad).

La universidad, creo necesario que, al tratarse de una comunidad intermedia, las partes en el extremo son el estado y la persona humana, sobre la actuación de la primera parte ya se nos ha hablado en el presente seminario. Ahora procurare comentar unas notas sobre la persona humana, para obtener una noción de la misma.

Se hace necesario responder a la pregunta ¿Qué es la persona humana? No se puede dar una definición exacta de la persona, dado que no se puede limitar clara y distintamente su ser personal. Pero, si podemos realizar un alcance de la misma a partir de la elaboración de una noción que brote de la experiencia personal humana. En ese sentido, a partir del elemento experiencial común a todas las personas y de la reflexión del mismo, es que la persona se descubre como un ser pensante, lo que podemos recordar en Descartes cuando afirma “cogito, ergo sum” o “pienso, luego existo”.

Y así sus reflexiones sean correctas o no, puede concluir que es y que existe, por lo que afirmamos que la persona es un ente real que se relaciona con su mundo, y que al examinarse a sí misma, nota sus múltiples dimensiones armónicas entre sí, por lo que se le califica como “una realidad compleja”.

La primera dimensión que la persona identifica es la individual, dónde reconoce una intimidad en la que forma sus convicciones que regirán su acción. La segunda es la social, en la cual se relaciona con otras personas. Y a partir de la cual formará las llamadas comunidades intermedias. Luego, al observar la corrupción, deterioro, de lo sensible descubre su dimensión material que le exige un cuidado para poder preservarse. Finalmente, distingue en sí una inmaterialidad que determina su corporalidad, y que sin ella se producirá la muerte, descubre su dimensión espiritual, y si tienen problema con este término podríamos llamarle “intimidad y conciencia”.

De las dimensiones de la persona humana se desprenden una serie de exigencias y necesidades, que debe satisfacer para desarrollarse. Por ello, se comprende que no somos perfectos, pero, a partir de la constante búsqueda de bienes entendemos que no deseamos quedarnos con esa imperfección, por lo que la noción de persona humana sería la siguiente: Una realidad compleja e imperfecta que tiende a la perfección. La perfección humana es lo que solemos llamar felicidad. Y como el ser humano no es un ser aislado, esa felicidad se encuentra en sociedad.

La noción alcanzada, concordando con Robert Spaemann, nos hace entender que el término “persona” no otorga unos atributos especiales, sino que reconoce en los seres humanos unas determinadas características que los diferencian de los otros seres. Dicho de otro modo, el ser persona es un reconocimiento de una realidad ontológica, no es un acto constitutivo acerca de la persona. Y a partir de la noción propuesta se afirma que la naturaleza humana es teleológica, es decir, persigue una finalidad la cual es perfeccionarse.

En ese sentido, puede afirmarse que la exigencia de auto-perfección y la consecuente necesidad de respeto que les es exigible a los demás constituyen lo que llamamos dignidad. La que obliga a todos, como lo diría Kant, a tratar a cada persona como fin en sí mismo, y no como medios para alcanzar nuestros propios fines. La dignidad es el fundamento de la persona que le permite -y le exige- seguir perfeccionándose a través de la obtención de bienes que satisfagan sus exigencias y necesidades. La vida es digna no sólo cuando existe la posibilidad potencial de alcanzar bienes que podrían perfeccionar al ser humano, sino cuando se alcanzan realmente, y está dignidad es igual para todos.

Por lo que puede afirmarse que la persona es una realidad absoluta no condicionada, es decir, es libre para vivir dignamente, para intentar alcanzar la felicidad, lo que tiene que ver con la formulación de un proyecto vital, el cual debe vivirse dignamente, para esto se necesita un ambiente necesario para el mismo. Cómo lo indica el fundamento 24 de la Sentencia del Tribunal Constitucional Peruano N.º 02016-2004-AA/TC, al indicar que: “conseguir bienestar y un nivel de vida digno, es un deber conjunto, tanto de la sociedad como del propio individuo y el Estado, pero no exclusivamente de éste”.

Asimismo, observamos que la persona se desenvuelve históricamente, es decir, vive instalada en un espacio y tiempo determinado, en el cual busca perfeccionarse y exige el respeto de una determinada comunidad, con la que colabora para alcanzar el bien común. Es en el mundo donde la persona despliega su vida permitiéndole obtener bienes que perfeccionen su existencia, siendo capaz de relatar su vida de manera biográfica, es decir, explicándose por sus acciones. Esto es posible solo si se habita el mundo, el hombre es el único que habita, el único habitante, dado que es capaz de observarlo, comprenderlo y modificarlo en base a sus exigencias y necesidades, sin perder su sentido.

La instalación espacio-temporal, es decir, la conciencia que se habita un lugar y tiempo determinado en la que se actúa teniendo como fundamento la propia dignidad es lo que se denomina historicidad de la persona humana, en la que no se considera al ser humano como un ser abstracto sino como un ser concreto que se relaciona de manera efectiva con su entorno –sin abusar del mismo-, y que también busca superar el tiempo para formarse una identidad, para permanecer a través del tiempo y proyectarse al futuro con un proyecto vital personal y creativo.

La persona tiene que ser cuidadosa en su búsqueda de la felicidad; procurando mantener una armonía con el mundo del cual formamos parte, y del que muchas veces nos hemos visto equivocadamente como extraños a él. En ese sentido, surgen las virtudes como puntos medios prudenciales del actuar humano; por lo que es posible afirmar que el ritmo y la medida constituyen la ley de las cosas humanas y naturales. Por eso la persona, en su búsqueda de la felicidad, siempre deberá alcanzar una correcta medida en su actuar.

La corporalidad pone de manifiesto que la persona es un ser limitado, que se verá afectado por el dolor, la enfermedad, y la muerte. La muerte es el mayor de todos los males naturales, y en él culminan en última instancia todos los demás, porque es la privación del bien que hace posible los demás bienes: la vida y el ser. De todas las desgracias humanas, la muerte es la mayor de ellas. El estado defiende la vida humana, lo que se indica en la Constitución Peruana, y en el fundamento 60 de la Sentencia del Tribunal Constitucional Peruano N.º 7339-2006-PA/TC: “La Constitución Política de 1993 ha determinado que la defensa de la persona humana y el respeto a su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado; la persona está consagrada como un valor superior, y el Estado está obligado a protegerla. El cumplimiento de este valor supremo supone la vigencia irrestricta del derecho a la vida, pues este derecho constituye su proyección; resulta el de mayor connotación y se erige en el presupuesto ontológico para el goce de los demás derechos, ya que el ejercicio de cualquier derecho, prerrogativa, facultad o poder no tiene sentido o deviene inútil ante la inexistencia de vida física de un titular”.

Asimismo, en el fundamento 59 de la misma sentencia se afirma que: “La noción de Estado social y democrático de derecho concreta los postulados que tienden a asegurar el mínimo de posibilidades que tornan digna la vida. Ya no puede entenderse la vida, entonces, tan solo como un límite al ejercicio del poder, sino fundamentalmente como un objetivo que guía la actuación positiva del Estado, el cual ahora está comprometido a cumplir el encargo social de garantizar, entre otros, el derecho a la vida y a la seguridad”. Pero recordemos, como se dijo anteriormente, no se trata una tarea exclusiva del Estado, sino que el ser humano, por medio de las comunidades intermedias debe procurar ese cuidado ambiental para garantizar una vida digna de todos los ciudadanos.

Un paso previo para la consecución de esa felicidad es el bienestar. Joseph Pieper nos dice que vivimos en una sociedad “laboriocéntrica”, es decir, centrada en el trabajo. En los modernos, y especialmente a partir de Adam Smith y también de Karl Marx, hasta propuestas recientes como la de Hannah Arendt, el trabajo se entiende como una categoría económica y material, que carece de las notas humanas de libertad y conocimiento. La división del trabajo en la “Riqueza de las naciones” evita la responsabilidad holística de cada especialista y de las tareas que parecen fuera de su ámbito, como es el caso del cuidado ambiental. Solemos pensar que no es nuestra responsabilidad, que estamos muy ocupados en nuestras tareas diarias, que, si son nuestras, pero nos equivocamos, el cuidado de nuestro ambiente es tarea de todos, no bloqueemos nuestra visión holística de la realidad, y debemos asumir la responsabilidad del cuidado de nuestro ambiente, y evitar o solucionar cualquier contaminación.

Primero vive, y luego has filosofía. Para poderse dedicar a la actividad contemplativa el hombre tiene que tener asegurada la satisfacción de sus necesidades básicas. Y así contribuir directamente a un objetivo cultural: hacer posible que existan vidas plenamente humanas cuya libertad no es absoluta, sino dependiente de lo corporal, de los trabajos que lo sustentan, y de un ambiente que garantice una vida digna.

Los modernos, guiados por René Descartes, propusieron cambiar la “filosofía que acusaban de especulativa” que se enseñaba en las escuelas por otra “radicalmente práctica”, por medio de la cual podríamos hacernos dueños y propietarios de la naturaleza. Luego el trabajo tendría la concepción de transformador del mundo, pero bajo una concepción negativa. Marx nos dice que la única, verdadera y propia identidad del hombre es entender que la esencia del hombre es el trabajo. El hombre no puede existir sino trabajando.

Ningún trabajador tiene posibilidades de entender su tarea como un medio para ser más hombre ni para adquirir más dignidad. Por lo que no se preocuparía por un ambiente saludable ni digno para la vida humana. Lo lógico sería eliminar el propio trabajo, porque el trabajo se entendería como una carga de la cual no hay escapatoria y que retiene al hombre como en una cárcel y le impide perfeccionarse, ser más hombre y alcanzar la felicidad, o perfección.

El trabajo es un camino de perfeccionamiento, el cual lo logra a partir de la satisfacción de sus necesidades. El hombre se encuentra llamado a la felicidad y el trabajo como toda actividad humana debe ordenarse a un triple fin: a la subsistencia humana, al perfeccionamiento del hombre y a modificar sin dañar y cuidando la naturaleza. El trabajo es un acto poíetico, es decir creador, innovador, un acto por el cual el hombre expresa su propia intimidad para ayudar en la captación de bienes que le permitan satisfacer sus necesidades, y en esa captación se produce una modificación del mundo, la cual debe darse sin perder la actitud benevolente, es decir, sin perder el sentido de la realidad.

Sería un grave desconocimiento de la realidad humana creer que la economía únicamente existe para satisfacer la necesidad de subsistir. Hay una natural inclinación humana a buscar algo más que lo estrictamente indispensable para vivir, esto es porque el hombre tiene necesidades que van más allá de lo puramente orgánico. A ese “algo más” podemos llamarle bienestar. Mayor bienestar no implica necesariamente una situación más placentera. Podemos definirla como “un modo más humano de vivir”, en lo referente a las condiciones materiales de ese vivir. “Bienestar” y “malestar” significan, en primer lugar, “estar bien” y “estar mal” respecto de esas condicione, estar materialmente bien o materialmente mal.

El bienestar es algo más que la simple plenitud gozosa de la vida biológica. Es una condición imprescindible de la felicidad: la humanización de las condiciones materiales del propio vivir, de un modo tal que entonces puedan satisfacerse otras necesidades, igualmente humanas y quizás aún más importante. El bienestar es el disfrute de unas condiciones materiales que faciliten las actividades humanas propias de la vida buena. La inclinación al bienestar es radicalmente social: necesita de los demás.

La libertad sitúa al hombre suficientemente por encima de la materia como para que el bienestar cambie según las épocas, las situaciones, los lugares, las costumbres y las personas. Lo decisivo es que al hombre no le basta simplemente con vivir: “necesita estar bien”, y tiende a ello como medio para poder desarrollar su espíritu, su cultura, su inventiva, sus relaciones interpersonales, o también su ambición, y sus deseos de poder y de placer.

El hombre tiene la tendencia a plasmar su espíritu en el ámbito material en el que vive por medio de la cultura. Esto explica la inclinación al lujo: el hombre “ha aspirado siempre a ser lujoso en la satisfacción de sus necesidades naturales”. El lujo es algo específicamente humano, pero se puede usar el bien o mal, con exceso, defecto o justa moderación. Lo que no es propiamente humano y lo que no debe permitirse son situaciones de contaminación ambiental absurdos, añado este termino porque toda actividad humana ocasionará cierta contaminación ambiental, pero allí se tendrá que hacer una valoración exacta sobre los bienes que se obtienen y la irreparabilidad del daño ocasionado, recordemos que somos un país cuyos ingresos se basan en gran parte en la explotación minera y de hidrocarburos.

Las actividades económicas no solo llevan una correcta y útil administración de los recursos escasos. La economía, como técnica, no solo se ordena al logro de un bien humano diferente y más alto que ella misma: la consecución del bienestar. Si el bienestar es el motor y la finalidad de la economía, ésta deja de ser sólo una técnica de disposición acerca de los medios y la adquisición de bienes materiales, y se convierte más bien en una actividad que hace posible el bienestar, y por tanto la vida buena: el fin de la economía está más allá de ella. Así se puede entender porque Amartya Sen afirma que la economía originariamente era una rama de la ética, siendo que ambas buscan responder ¿Cómo vivir bien?

La actividad económica consiste en un determinado saber práctico-técnico, siendo lo especifico y esencial de esta, el consistir en una disposición acerca de los medios o recursos, capaz de satisfacer nuestras necesidades. Los recursos siempre son escasos. El ser humano, a diferencia de los otros animales, es radical y naturalmente pobre.

Debemos saber diferenciar la actividad económica y la actividad teórica de los economistas, basada en el estudio del comportamiento de los agentes económicos y en los resultados surgidos de él. La verdadera y primera economía es la que hace cada persona privada, cada agente económico. Sólo más tarde, tras una reflexión profesionalizada, aparecerá la ciencia correspondiente, con sus múltiples ramas, y sus leyes respectivas.

La actividad económica es aquella parte de la actividad humana que se ocupa de la satisfacción de múltiples necesidades jerarquizadas, mediante el uso de bienes escasos, útiles y regulables, susceptibles de usos alternativos, bajo el principio de mínimo esfuerzo o máximo rendimiento.

El trabajo humano multiplica los recursos. La economía no es por tanto únicamente una técnica para administrar la escasez eligiendo entre usos alternativos, sino también “el estudio de la forma en que la sociedad  decide qué se va a producir, cómo y para quién. A nosotros nos interesa hacer énfasis en ese cómo, para evitar contaminación ambiental de cualquier tipo.

En la universidad ante todo se rinde honor a la verdad en torno a la convivencia entre profesores y alumnos, buscar la verdad es actuar en libertad. Para poder buscar la verdad de manera adecuada se usarán las herramientas obtenidas en los colegios, pero si en los colegios no se han obtenido las herramientas adecuadas entonces será dificultoso el camino de la búsqueda de la verdad, y en algunos casos nos llevará a pensar que queremos que las cosas sean más prácticas, pero quizás debamos pensar que si queríamos realidades más prácticas nuestro lugar no era la universidad.

Los lazos de unidad deben ser fuertes entre personas que buscan la verdad, una verdad acerca de toda la realidad (sensible y no sensible), es por ello que no debe caerse en el error de abandonar la unidad del saber concentrándonos solo en nuestra especialidad, sino poco nos quedaría de libertad, sino que seriamos esclavos de una solo visión del mundo. Asimismo, si las estructuras recibidas en el colegio no nos han sido útiles entonces tampoco podemos actuar con total libertad en la universidad porque no podremos comprender porque se busca la verdad ni como buscarla, de manera consciente deberíamos ponernos a formas esas herramientas para poder actuar en libertad en la búsqueda de la verdad, sino no podríamos hacerlo y acabaríamos la carrera de una manera técnica, memorista, poco reconfortante para la vida plena, si es que realmente se consigue acabar la carrera.

En la universidad se promueve el trabajo en común, y no solo en solitario, recordemos que vivimos en comunidad, se busca el bien común respecto de unas notas, pero sobre-todo respecto del conocimiento. Las notas son un reflejo de lo que conocemos, pero pueden obtenerse buenas notas aún sin conocer, eso es demasiado pobre para el ser humano, la nota no es lo esencial, porque lo realmente importante en el mundo no solo es el diploma que puede servir de puerta de acceso sino como te desenvuelves en el área donde planeas trabajar, sin olvidarte que tu carrera no es el prisma con el que debes juzgar la realidad.

Esta búsqueda de la verdad debe favorecer la confianza, de tal manera que, si los integrantes de una universidad no quieren vivir una vida ética, están de más en la universidad. La búsqueda de la verdad es lo primero, luego está la docencia, cabe la universidad sin alumnos, pero no cabe sin profesores que investiguen, en los inicios las universidades se conformaban ante todo de investigadores de la verdad, porque es la verdad la que debe orientar toda actuación de las personas en la universidad, la universidad está hecha por investigadores, están llamados a investigar y descubrir y compartir la verdad de su carrera y de la realidad en general.

En esa búsqueda de la verdad, debemos tener en cuenta que la relación del hombre con el medio en el que vive está esencialmente condicionada por este carácter productor o técnico del tener corporal humano. El hombre modifica el medio al introducir entre él y a naturaleza un conjunto de instrumentos que le pertenecen.

Los griegos definían la casa como el conjunto de todos los instrumentos que el hombre tiene para satisfacer sus necesidades. La casa es por así decirlo el lugar donde se guardan los instrumentos. Y otro carácter decisivo de los instrumentos es que unos remiten a otros, no se pueden considerar aisladamente. Nuestra casa es Piura, la ciudad donde vivimos.

El hombre vive rodeado de los instrumentos que ha fabricado. Un instrumento abre posibilidades de crear otros nuevos, y estos no serían posibles sin el primero. Una parte no pequeña de la historia de la humanidad es el descubrimiento y aprovechamiento de las posibilidades que ofrecen los inventos técnicos ideados por el hombre. De este modo, el proceso de crecimiento de la técnica se ha ido haciendo cada vez más autónomo, pues para crear los nuevos instrumentos se parte de los ya existentes.

El conjunto de seres naturales y artificiales en medio de los cuales nos encontramos viviendo es nuestro “mundo”. El ser humano necesita modificar el medio en el que vive para poder sobrevivir, o simplemente, para estar cómodo. Lo importante es advertir que la persona humana no se adapta al medio más que en una medida pequeña; más bien adapta el medio a él, modificándolo mediante la técnica, según sus necesidades.

Habitar quiere decir estar en un sitio teniéndolo. Los animales no habitan el mundo, el único que habita el mundo es el hombre, y lo habita en la medida en que establece en las cosas referencias a su cuerpo, según las cuales el cuerpo las tiene. Todo habitar es tener, y si el hombre habita es porque es un habiente. Habitar es observar, comprender, y modificar la realidad que nos rodea convirtiéndola en mi mundo, distinguiéndola del misterio. Mi mundo, mi casa, mi tierra, mi ciudad no puede estar sucia.

Dos cosas son importantes establecer en este momento. Lo primero es que se habita allí donde se tiene el plexo de instrumentos que satisfacen las necesidades; y lo segundo es que se habita en un lugar o paraje que ha sido modificado por la presencia del hombre y donde está “depositado” el plexo o conjunto de instrumentos que uno tiene como propios. Todo instrumento es algo útil, no debemos soportar la contaminación y los residuos en cuantos son inútiles no son instrumentos sino un daño a la dignidad humana.

El desmesurado crecimiento de la técnica ha preocupado intensamente al hombre del siglo XX. Es una crisis que afecta a la naturaleza y al hombre:

  1. La amenaza de una técnica desmesurada e independiente de su creador ha sido experimentada intensamente por el hombre.
  2. Esto es cuando la técnica en sí misma pierde su sentido, púes, el hombre deja de tenerla y pasa a ser tenido por ella: es para él una prisión.
  3. No todo lo que rodea al hombre son instrumentos técnicos. La Naturaleza es el conjunto de seres naturales que pueblan la Tierra: el ecosistema, del cual el hombre, y su técnica, forman parte.
  4. El segundo gran error de la técnica y de la mentalidad economicista de los últimos siglos, corregido parcialmente en los últimos años, ha sido la de ser desconsiderados con la naturaleza, hasta dañarla.
  5. El hombre le ha considerado solo como un medio exclusivo a su servicio, un medio para la producción industrial y económica. Las reivindicaciones ecologistas son justas en cuanto exigen al hombre que cambie de actitud.
  6. No se trata de condenar la técnica, sino de reconocer que los seres naturales tienen unos fines y una armonía que hay que respetar.
  7. Se debe respetar el dinamismo intrínseco, es decir, las tendencias e inclinaciones, de los seres naturales, y usar los instrumentos técnicos sin perjudicar el ecosistema, agotar los recursos y estropear la vida. Esta es la actitud verdaderamente ecológica, una actitud benevolente ante la naturaleza, es decir, se debe saber reconocerla y respetarla.

La tecnocracia al poder de una técnica que aprisiona al hombre, por un lado, y a la actitud prepotente de usar de ella “contra” la Naturaleza, por otro. Es un término que significa mando de la técnica, la técnica como fuerza dominadora. En el primer sentido, la tecnocracia es un funcionamiento autónomo del plexo de instrumentos, que no reconoce a la persona singular.

Y en el segundo sentido, es un uso desconsiderado o excesivo de la técnica por parte de la voluntad de poder, uno de los usos de la voluntad, que se vuelve excesivo al desconectarse de los restantes. La tecnocracia es el lado sombrío de la técnica, su rebelión respecto de su dueño, o el abuso de ella. Se trata de dar una prioridad a resultados diferentes a los del capitalismo salvaje, pensar con categorías diferentes a las de la razón instrumental y adoptar actitudes menos basadas en el individualismo interesado.

Quizá una de las ideas más básicas de los valores ecologistas sea la de recuperar el ritmo natural, lo cual quiere decir, ponerse en armonía con la naturaleza. La vida humana para ser verdaderamente humana no debe estar en armonía solo consigo mismo, sino también con el hábitat natural. Y esto se consigue sincronizando los ritmos humanos con los de la naturaleza.

Cuando falta esa sincronía (que significa simultaneidad, acompasamiento), aparecen dos patologías del ritmo natural y de la armonía con la naturaleza:

  1. La prisa, es un fenómeno exclusivamente humano, producido por la aceleración y el aumento de velocidad derivado de la tecnología.
  2. El ruido, que solo el hombre es capaz de hacer, y es por lo tanto algo artificial, producido por la técnica. El silencio de la Naturaleza, por el contrario, está lleno únicamente de sonidos armónicos con el silencio mismo.

El hombre se ha visto demasiado tiempo a sí mismo como un ser separado y extraño al mundo natural, hasta llegar a ignorar lo que eso implica. La ecología presenta una fuerte y atrayente verdad: habitamos en la Naturaleza; somos parte de ella, aunque de una manera muy peculiar.

La benevolencia es la actitud que se debe tener ante la naturaleza y los seres vivos. Usamos el término benevolencia para indicar una actitud habitual, y en concreto, la más digna del hombre: la actitud moral. ¿Qué es benevolencia? Es prestar asentimiento a lo real, decirle a la Naturaleza: ¡sé tú misma!

La benevolencia es prestar asentimiento. Esto significa que uno presta ayuda a los seres para que alcancen su fin: “queremos que todos ellos sean como son”. La benevolencia es prestar ayuda a lo real, es decirle que es bueno que exista tal cual es, y es necesario corregir los errores o contaminación que se den en la realidad, esto es para que llegue a ser en su plenitud.

Lo importante de la benevolencia es:

  1. Que con ella nosotros respetamos y reconocemos el valor de lo real en sí mismo, en especial de los seres vivos.
  2. Que les prestamos nuestra ayuda para que alcancen su plenitud, es decir, colaboramos en su desarrollo.
  3. Que buscamos la armonía de esos seres, que se consigue cuando alcanzan su plenitud final y la perfección que los hace bellos.
  4. Por eso, apartamos los obstáculos que les amenazan, ser benevolentes quiere decir que me importa que los seres vivos alcancen su plenitud.
  5. La benevolencia se dirige especialmente hacia las personas, en quienes reconocemos un tú como nosotros. Nuestra benevolencia hacia el tú humano nos lleva a decirle: ¡sé tú mismo!, y a prestarle nuestra ayuda en la medida en que podamos, para que alcance los bienes de que es capaz y de los que quizá carece, por encontrarse sumido en la miseria. La contaminación ambiental solo genera miseria, debemos ser instituciones alertas y opuestas a la miseria.

Parafraseando a Kant, el imperativo de la benevolencia dice así: “obra de tal modo que no consideres nada en el mundo meramente como medio, sino siempre al mismo tiempo como fin”.

El ecologismo es auténtico en la medida en que adopta esta actitud y aplica este imperativo a todos los seres, también a las personas: la benevolencia trasciende el ámbito de la ecología, porque se aplica también al mundo humano.

La benevolencia es la actitud más digna del hombre porque le lleva a colaborar con lo real. Es una actitud afirmativa. Mediante la benevolencia, entendida como aquí lo hacemos, el hombre no solamente se perfecciona a sí mismo, sino que también se convierte en un perfeccionador de la naturaleza. La benevolencia no es un acto aislado, sino una actitud y una convicción, es decir, el hábito del carácter, de la inteligencia, de la conducta: es un modo de comportarse. Otorgarle a lo real nuestro asentimiento hace el mundo más bello y más perfecto, y hace al hombre más humano.

Prestar asentimiento a lo real significa que conocemos y aceptamos las cosas como son. Verlas en su verdadero sentido es verlas en relación con lo que son cuando son plenamente. El sentido de las cosas es el cumplimiento de lo que son, de lo que pueden llegar a ser de modo natural. El hombre es capaz de ver el sentido de las cosas, es decir, su teleología.

El hombre también puede dar sentido a las palabras, a los instrumentos que maneja, e incluso a los seres naturales. Este dar sentido a las cosas es una capacidad humana extraordinaria, nacida de su inteligencia y de su libertad: consiste en poner las cosas en relación con su fin. Por lo tanto, eliminar y evitar la contaminación, debido a que no tiene un fin, no perfecciona ni al mundo, ni a los animales, ni a los seres humanos.

El hombre se ha visto demasiado tiempo a sí mismo como un ser separado y extraño al mundo natural, hasta llegar a ignorar lo que eso implica. La ecología presenta una fuerte y atrayente verdad: habitamos en la Naturaleza; somos parte de ella, aunque de una manera muy peculiar. La benevolencia es la actitud que se debe tener ante la naturaleza y los seres vivos. Benevolencia es prestar asentimiento a lo real, decirle a la Naturaleza: ¡sé tú misma!

La universidad no solo busca la verdad teórica sino también práctica, no solo le interesa saber que hacer sino como hacerlo, y en ese sentido la universidad tiene que enseñar la verdad teórica para poder ponerla en ejercicio para poder actuar con ética y conocimiento en la sociedad ayudando mediante campañas, cursos una mejora de la calidad ambiental que todos los piuranos necesitamos para vivir mejor.

La universidad debe estar comprometida no solo con formar buenos profesionales, sino también buenas personas y ciudadanos, así como con transformar el mundo, el ambiente que le rodea haciéndolo más digno, y en ese sentido debe evitarse la contaminación ambiental y debemos cuidar de nuestro mundo. La universidad debe ayudar a mejorar la calidad de vida no solo con los profesionales que salen de la misma, sino también mejorar la calidad de vida de su entorno, de su ciudad, comprometiéndose con el futuro del país.

La naturaleza pasa la factura de lo que recibe diariamente, nos pide que la cuidemos. No cerremos nuestros sentidos, estemos atentos a su petición de cuidado, y desde nuestras instituciones, desde nuestro lugar en el mundo debemos cuidarla, porque si no, no tendremos un hogar donde vivir.

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